Pilar Abella

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Reencuentro con Pilar Abella

   La pintura de Pilar Abella es una apoteosis de vida y sensorialidad. Artista vehemente y honesta donde las haya, traslada al lienzo vivencias muy personales que sublima, laboriosamente, a golpes de espátula. Pienso que estamos ante una pintura que ofrece logros muy originales y característicos y que podríamos calificar de "expresionista" aunque en un sentido muy relativo del término. Resulta verdaderamente extraño encontrar, en estos tiempos, casos como el suyo. Asume sin ambiguedad la verdad de su existencia y da la sensación de que lucha, en cada una de sus telas, contra el estigma de nuestro mundo actual, alienante y burocratizado. Es una obra que ensalza las posibilidades constructivas del color. Traslada el pigmento, sin mezclar apenas, desde la superficie de la paleta hacia la blanca imprimación de la tela con un entusiasmo feliz, en el que el cromatismo se presenta inseparable de los demás elementos estructurales del cuadro, como la forma, el volumen o el espacio. El resultado definitivo es una creación "autosuficiente", ajena a intenciones utilitaristas, moralizantes o de cualquier otro tipo.

   Recuerdo que, en cierta ocasión, intenté animar a la artista a que la emprendiera con algún paraje bucólico captado directamente del natural. La experiencia, en verdad, no dió ningún resultado aceptable como era de esperar, pues es el suyo un figurativismo genuinamente anti-impresionista, alejado del "retinismo" de los maestros del "plein air" y del sometimiento a cualquier enfoque veraz. En el caso de Pilar Abella, tanto el objeto a representar, como la artista que lo lleva a cabo, no son extraños jamás el uno al otro; antes bien, se identifican entrañablemente. La conciencia y la vida son practicamente la misma cosa, una única "voluntad de existir" que diría Nietzsche. De ahí que asuma su labor a la manera de una lucha implacable contra el materialismo y contra la rigidez de los sistemas lógicos que por todas partes nos oprimen y nos atenazan.

   La "veracidad" impresionista y la experiencia visual que comporta, tampoco sacia, ni de lejos, ese afán irreprimible de "poseer" la realidad, aún a riesgo de sucumbir algún día arrastrado por ella. Pensamos, al decir esto, en otro temperamento de tipo "obsesivo" similar al suyo, el de Vincent Van Gogh con su "búsqueda de una pintura auténtica y viva hasta el paroxismo" que comentaba algun estudioso. Al igual que el maestro holandés, nuestra pintora orensana se desentiende de servir fielmente a la realidad visual para así poder "actúar en ella" de manera casi compulsiva. No estamos, de ninguna manera, ante una de tantas "pintoras de la felicidad" que, en el sentido mas decepcionante del término, abundan desde hace años por nuestras salas de arte. Una desazón latente le aleja también de la diafanidad "fauve" y, muy especialmente, de la placidez de los "nabis".

   Con los expresionistas alemanes coincide Pilar Abella -y tan solo de modo intuitivo- en ciertos elementos muy reveladores que enseguida llaman la atención del espectador, como el de captar los acontecimientos de la vida cotidiana sin el menor sentido crítico. Con igual distanciamiento nos ofrece la poética silueta de una joven que contempla el mar de Cangas, que el estruendo ensordecedor de una banda de rockeros sobre el escenario. Se aleja, por ejemplo, del transfondo "ético" de un Van Gogh o del primitivismo de un Gaugín o de "Die Brücke". Es una actitud radical en lo humilde que según algunos tratadistas del expresionismo mas puro, se remonta a los místicos renanos de la baja Edad Media de los que los miembros del grupo "El puente" eran ávidos lectores. En el caso de nuestra pintora, no hay duda que procede de un trasfondo vivencial innato y sin premeditación".

   Coincide también Pilar Abella con el expresionismo, en su peculiar manera de enfrentarse al lienzo; como si inventara la técnica pictórica en el surgir de cada trazo. Aquí no existe tradición alguna, ni recetas, ni componendas. Es "el cuadro que se pinta a si mismo" que decía Nolde, y la misión del artista no es otra que dejarse llevar por una fuerza atacante febril y misteriosa. De ahí que tengamos que añadir como un valor personal muy a tener en cuenta, su condición de infatigable trabajadora. Su producción se multiplica a borbotones entre las paredes de su taller de Guntín, en el de Ferreira o en el de su Orense natal y hasta en su propio vehículo utilitario se amontonan las telas para así podérselas mostrar en cualquier momento a algún grupo de amigos.

   En la primavera del año 1911 se celebra en Berlín la tercera muestra de "Nueva Secesión", agrupación de artistas alemanes rechazados en certámenes oficiales. Del prefacio del catálogo transcribimos afirmaciones muy significativas que nos llevan a pensar en nuestra artista: "....los colores se disponen uno junto al otro de manera que las incalculables leyes del equlibrio impuestas por las cantidades de color eliminan las reglas científicas y rígidas de sus cualidades con una nueva y personal libertad de movimiento y de expansión en el espacio disponible....." O esta otra: "Todos los objetos, sin excepción, son solo el cauce de un color, o de una composición de color, y la obra, en su conjunto, no aspira a ser una impresión de la naturaleza, sino la expresión de los sentimientos. La ciencia y la imitación desaparecen de nuevo a favor de la creación original".

   Cuenta Emil Nolde en sus memorias que, ya desde muy niño, sentía los aullidos de los animales como si fueran colores. En nuestra pintora predomina, sin embargo, el aspecto sentimental. El fallecimiento de su amado "bambú", el pastor alemán sobre el que había volcado tanto afecto, supuso una crisis más en su vida personal que dió sus frutos en un ciclo de telas muy trabajadas, con la imagen de su compañero del alma como protagonista. Aplicaba gruesas capas de pigmento y una verdadera tempestad de trazos a la espátula, a la búsqueda -cosa muy extraña en ella- de conseguir inmortalizar sus rasgos físicos.

   En Galicia era habitual, allá en tiempos, que la malicia popular se mofase de los que se dedican al mundo del arte colgándoles algún que otro sambenito. En el valle del Ulla, por ejemplo, se decía que los artistas tienen todos "o becho carpinteiro" y en algunas zonas del interior algunos pensaban que un pintor de cuadros no era mas que un quijote que se dedicaba a "facer monecos". La mayor parte de los grandes de nuestra plástica han sido reconocidos, por desgracia, una vez que regresaron a su tierra avalados desde el exterior. Viene a cuento esta reflexión, porque en la pintura de Pilar Abella -y en esto coincide también con la mayoría de los expresionistas alemanes- no encontramos el menor rastro de afán localista. Es el "ser" al desnudo el que palpita intensamente. Sus marinas, por poner un ejemplo muy al caso, esconden siempre un misterio desasosegante y, si se miran en condiciones, palpita Galicia en su genuina dimensión, pero siempre como algo que brota del subconsciente y sin la menor intencionalidad previa. Es el suyo un mar agazapado entre velas gigantescas que no pretende hacernos sentir ni la brisa salobre ni el aullar de las sirenas. Un mar que es, ante todo, un icono alusivo a recónditas vivencias de la infancia puestas al servicio de una pintura viva y palpitante.

   Comentar, finalmente, su condición de "espatulista", resulta esencial. Es el fruto de una acertada evolución interior que procede de algunos años atrás. Sin necesidad de remontarnos a Courbet o al primer Cezanne como precedentes, en la propia Galicia, sin ir más lejos, contamos con figuras que, en su día, cultivaron con acierto esta técnica bien difícil con una franqueza y un donaire similar al suyo, aunque sin tanta efusividad. Tal es el caso de Virxilio Blanco Garrido dentro de una línea mas ingenuista, del eumés Abelardo Miguel, gran enamorado de las gentes y las labores del mar, o el de la también orensana Carmen Rodríguez de Legísima que no pintaba el mar, pero vivía frente a él porque lo necesitaba y desde su domicilio próximo al Berbés sentía a diario el murmullo cautivador de las "ondas do mar de Vigo".

Javier Travieso

 

Pilar Abella - pintora@pilar-abella.com