Pilar Abella

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PILY ABELLA: LA PINTURA QUE NO MUERE

  El que fuera uno de los grandes del arte de nuestros días, el alemán Emil Nolde, cuenta en su autobiografía como, en cierta ocasión, se propuso llevar al lienzo una escena obsesiva que recalaba en su mente una y otra vez. Era como un sueño obstinado que le perseguía día y noche. Dice el artista que veía, de continuo frente a él, a un personaje erguido, con larga túnica de color naranja, impasible a los gestos provocadores y a las insinuaciones de aquellos que le rodeaban. Se trataba, nada menos, que de la presencia del “Espíritu Libre” que le hacía llegar desde los abismos más recónditos, una llamada pertinaz y le hacía sabedor de una misión trascendente. El personaje en cuestión le suplicaba que no traicionara jamás aquello que de sagrado le queda al hombre, oprimido como se encuentra, en medio de múltiples exigencias de disciplina y laboriosidad. El propio artista respondió a esta petición con una actitud vital ejemplar y un hermosísimo lienzo, del que el autor nunca quiso desprenderse, y que guardaba en la fundación que hoy lleva su nombre.

  El encuentro con una pintora de raza como es Pily Abella nos pone en contacto, igualmente con un ser que, por encima de toda clase de avatares y dificultades, aporta una muy digna continuidad a esa misión sagrada que asumen, de una manera o de otra, los devotos del viejo artista alemán. En sus telas hay un pálpito de vida sana, plagada de fuerza y originalidad. Conoce los secretos de su labor, los exterioriza con audacia y desdén solo aparente pues detrás de cada una de sus telas -al igual que observamos en Van Gogh y en algunos otros- se deja ver una carga de reflexión más intensa de lo que, en principio, pudiera pensarse. Son cuadros en los que late el silencio y la vivencia interior, que es la única que en verdad merece la pena.-

  Esta enérgica y ardiente personalidad de Pily Abella, le permite superar con donaire todo un reto de base expresionista, gracias a su fe en la gran verdad del lenguaje plástico.

  Dentro de lo inconfundible de su producción, creo que son las telas realizadas a la espátula aquellas que destacan por su vigor y autenticidad. El pincel resulta en sus manos un instrumento de escasa operatividad, excesivamente “apolíneo” si se quiere, cuando de un temperamento fogoso y “dionisíaco” como el de nuestra pintora se trata. Es posible que, tanto los paisajes y marinas, como esas composiciones evocadoras -que hubieran sido muy de gusto de Marc Chagall- ofrezcan especial interés en el grueso de su producción, frente a esas otras figuras “de pose”, de resultado, sin duda, más convencional.

  Podríamos hablar-como no-de una intensidad expresiva más o menos lejana con ciertos artistas del pasado reciente. Yo citaría a Nolde y demás integrantes de “Die Brücke”, a los franceses Lorjou o Ambrogiani o al español Bejamín Palencia, por citar tan solo a algunos excelentes cultivadores de la espátula de manera viva y directa, tal como la trabaja Pily Abella. Nada más alejado a nuestra intención el que estas citas se asuman más allá de unas insinuaciones muy difusas que para nada cuestionen, en lo más mínimo, el valor de una pintura de abrumadora originalidad.

  Galicia ha sido, desde siempre, tierra de excelentes pintoras. En tiempos como los actuales, en los que da la sensación de que nuestra escala de valores ha conseguido matar el arte, debemos los gallegos salir reconfortados y felicitarnos de que esta tradición se mantenga y confiar en las futuras creaciones de esta artista orensana de obra tan intensa y personal.

Javier Travieso.

 

Pilar Abella - pintora@pilar-abella.com