Pilar Abella

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   Pilar Abella fue durante muchos años profesora especializada en Pedagogía terapéutica y quizá las técnicas empleadas en la comunicación con sus alumnos, llenas de imaginación en la mayoría de los casos y utilizando el dibujo y el color como medio fundamental de expresión, son el antecedente más inmediato de la actual pintora. Por eso la obra de Pilar Abella esta llena de expresividad y de mensaje; para ella, la pintura, es un medio de comunicación, a través del cual nos muestra todo su mundo interior.

   Formada técnicamente en escuelas de Arte de Madrid, en donde asiste a clases de pintura en escuelas privadas y oficiales, en las que se impartían distintas tendencias plásticas y pictóricas. Se centra fundamentalmente en los grandes maestros del Impresionismo: Monet, Manet, Van Gogh, Saura, Chagal, Soutine,etc.

   Se asoma al mundo de las exposiciones en su ciudad natal, Orense, en Galicia y en diversos puntos de España.

   Viaja a París y allí se aloja en “El Colegio de España”, regido en aquel momento por D. Luis Racionero. Viaje y estancia de estudio intenso. Contacta con grandes personalidades del mundo del arte: Fernando Arrabal, Jack Vanarsky, Isabel Echarri, etc.

   Los comienzos de Pilar Abella en el mundo de la pintura se remontan a las primeras imágenes y sensaciones que percibe en su niñez y, ello es así, a pesar de que sus primeras obras no se hubieran plasmado hasta hace solamente unos años; de ahí que exista la falsa creencia de que nos encontramos ante una pintora de vocación tardía.

   Solamente si nos referimos al hecho de pintar de forma, digamos profesional, puede resultar cierta esa creencia; pero Pili dibujo y pinto desde sus comienzos en la escuela. Nos encontramos con una pintora que esencialmente pinta sentimientos; sentimientos que le salen “a granel” de su alma y así se explica su pintura, por la suma de sensaciones y vivencias interiores que, desde niña, fue acumulando hasta la actualidad y que, llegado un momento, rompen en su interior con una fuerza incontrolable que desemboca en una primera manifestación de su pintura. Luego fue la técnica adquirida y el profundo estudio lo que explica el nivel alcanzado.

   Así, del impacto que el mar causó en su alma en aquellos inolvidables viajes hacia el verano de Cangas, con la travesía de la ría en alguno de los barcos de las empresas “El Morrazo” o “La Guapa”, a los que siempre acompañaban los numerosos y simpáticos “arroás”, después de un largo recorrido en aquel ferrocarril mixto de mercancías y pasajeros que se hacía interminable desde Ourense y cuyo viaje había comenzado de madrugada en aquellos taxis de la época, de ese mar, surgen, sin duda, sus melancólicas y relajantes marinas. Ese mar de la infancia acompañará a Pilar Abella a lo largo de toda su vida y forma parte esencial de su obra, con esas barcas amarradas por sus cuerdas al fondo del mar y con todos los colores y tonalidades que nos podamos imaginar.

   También procedente de su niñez podemos observar otros impactos que sobre su alma causaron las despedidas y las ausencias de sus seres queridos, aunque fueran transitorias, por la sensación de soledad que le producían y que, de forma contundente y, a veces, cruel, traslada a su obra, siempre con la nostalgia del tiempo que todo lo impregna.

   Esa nostalgia melancólica explica también sus innumerables evocaciones a los temas como las ferias y los tiovivos que recuerdan, sin ningún género de duda, su infancia, con sus numerosos hermanos, en los entornos de la Alameda y del Jardín del Posío en Ourense.

   Sin embargo, los temas musicales, tan presentes siempre, pertenecen más a su adolescencia y los mezcla, en esas composiciones tan suyas, con libros y automóviles de su época de estudiante. Son sus primeros escarceos en la vida independiente, fuera de las amarras paternas, de las que tampoco quiso desprenderse a lo largo de su vida, como si ello le aportara una garantía de permanencia en los tiempos de una niñez feliz, que tanto la marco.

   Más tarde sufre los golpes mortales con la desaparición de algunos de sus seres queridos; primero su hermana Syra, con sólo veintitrés años, una muerte que no comprende, y más tarde, sus padres tan queridos y la inolvidable Carmela, juntamente con algunos íntimos amigos; el impacto sobre su obra es inmediato y se refleja en mares embravecidos, acantilados tenebrosos, desasosiego en personajes, calma tensa con trazos fulminantes que descargan su rabia y rebeldía, su soledad y tristeza, etc., etc. También, y recientemente la muerte de su queridísimo pastor alemám Bambú.

   Pero, por encima de todo, Pilar Abella es una mujer alegre, vitalista, arrolladora, que envuelve su entorno de un ambiente especial y, ese vitalismo, tiene también reflejo en su pintura con obras de personajes, paisajes, ferias y escenas cotidianas.

Pilar Abella - pintora@pilar-abella.com