Pilar Abella

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Pilar Abella: Cuando también sueñan los colores

   Pilar Abella, de Ourense, pintora vocacional con los suficientes rudimentos técnicos para establecer su peculiar estilo basado en un expresionismo poético de la materia, en un mundo colorista y lleno de dinamismo que me recuerda el bohemio naif de aquel solidario autodidactismo en el alto Pigalle del parisino Montmartre de los 60. Véanse sus desenfadados retratos femeninos o sus músicos gritando una música rockera que parece oirse en el contraste tenebrista de las modernas luces de neón. Aquí está el formidable valor cinestésico de la pintura de la céltica Abella. Destaca en su primaveral expposición del Lar Gallego de Sevilla, un excelente retrato sedente en azules de una joven ensoñadora, del que emana belleza, paz y una honda sentimentalidad, donde se proyecta quizás su ideal artístico.

   Pero sus temas no han abordado sólo aquel ámbito parisino desenfadado, también el marco druida y enigmático de su Galicia natal, que en un torpe análisis rigorista podría tildarse de visión regional o localista. Pero sus aldeas marineras, las pequeñas barcas de pescadores meciéndose entre los bordes de anónimos puertos y calas acariciados por olas tocadas de un ultramar oscuro, casi cobalto donde, como almas en penas de perecidas sirenas yacen solitarias esperando al alba no sé cuantos marinos que sueñan con un Jesús salvador sobre las terribles tormentas de la costa de la muerte.

   Sus aparejos y redes abandonadas que parecen pescar más en lo telúrico que en lo acuático son, como las propias barcas de la alada Abella, símbolos plásticos que anegan de dramatismo la sólo aparente sinfonía idílica de su paleta, que en general, en un percutante contraste cromático cálido/frio, a veces ingenuamente agresivo y rebelde contra las reglas académicas, va inundando el albayalde de sus cuadros con anónimas playas y puertos, pequeños circos y carruseles de otra época casi sacados del ensueño, bosques y riachuelos, paisajes objetuales, todos con una alarmante ausencia de lo humano que podrían hablarnos en la psique de la artista de cierto desengaño filantrópico. Por eso quizás, sus cuadros son sólo eso, una excusa para llegar a la orgía del color como elemento fundamental e independiente, casi una relación orgásmica en la sensualidad de los pigmentos extendidos por el lubricante aceite de lino sobre la virginal textura de sus lienzos que ella termina cubriendo hasta poseerlos profundamente con su mundo de elegamte sensibilidad y fálicos pinceles. Esos lienzos, nacidos del acto amoroso de la artista con una generosa exuberancia de la pasta pictórica suponen un deseo proustiano de acaparar todo recuerdo, quizás el feliz mundo lejano de su infancia y primera juventud que marcó su posterior realización como artista vocacional y usó el arte como secante del sufrimiento de los otros y terapia de lo terapeútico, como una liberación del tronco gris de lo diario.

   Pilar Abella, por su colorismo, por su valiente lenguaje pictórico por su gran caudal de energía positiva, está dotada además para una pintura abstracta de primer orden. Quizás por eso debería ponerse en manos de sus divinos amigos patafísicos en aras de una investigación plástica para la que se encuentra en el punto culminante de la experiencia. No le digo que huya de lo figurativo, pues lo hace bien y tiene su público, sino que conceda algo de su creatividad a la libre experimentación tan necesaria en nuestro país. Que sea adalid y precursora de la Patafísica en este pueblo de fanáticas procesiones barrocas y atraso crónico, de la imaginación al poder.

   Su obra “Mundo de escenas”, que presidía su reciente exposición en Madrid, es un cuadro-síntesis que nos dice mucho de su facilidad para la composición p`sicologista, culturalista, semiótica… En ella aparecen los signos que quizás le obsesionan y hacen de su obra una cantera onírica en el inconsciente colectivo de su generación: barcas, músicos, esoterismos, guitarras eléctricas y coches antiguos, figuras que ascienden en globos, todo un mundo burgués, froidiano, de cómodas referencias, donde Pilar Abella dirige la orquesta con la batuta de su prodigiosa imaginación.

Jesús Troncoso
Doctor Universidad de Sevilla
Art Critics Int. Asoc.

 

Pilar Abella - pintora@pilar-abella.com