Pilar Abella

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Texto Carlos Abella

   Cuando alguien me propuso hacer una crítica de la pintura de Pili sólo pensé en el gran error de la invitación por dos claras y contundentes razones: la primera es que soy un profano en la materia y la segunda es mi condición de hermano de la pintora, lo que podría suponer un serio obstáculo por la subjetividad de mis opiniones; subjetividad que evidentemente reconozco y a la que, además, no estoy dispuesto a renunciar.

   Sin embargo, cuando visité su última exposición, sentí la necesidad de retomar aquella idea de la crítica porque al contemplar sus cuadros me di cuenta de que Pili pinta "a muerte", a tumba abierta; derrama sobre el lienzo todo su espíritu y por eso sus cuadros tienen la fuerza de las emociones profundas. Ver la última exposición de Pili fue para mi como realizar un viaje y, a través de las ventanas del vagón, revivir episodios y emociones que tenía por algún lugar de mi interior hasta llegar a la infancia, con esas barcas seguramente recuerdos de aquellos veranos de Cangas ya tan lejanos e irrepetibles... por las ausencias ; esos cielos y mares; esos tiovivos; esos pueblos... traídos todos desde el manantial de la luz y de los colores.

   Me parece que los cuadros de Pili son como esos buenos libros en los que es el lector quién escribe la última página; por eso nos impactan y somos nosotros los que, al percibir su belleza, la hacemos aún más sublime al mirar por las múltiples ventanas que nos ha dejado abiertas a través de cada pincelada, o sentimos el mayor desasosiego, o nos volvemos niños y escribimos asi esa última página.

   Aún con mi inicial confesión de profano en la pintura, creo que lo que Pili hace es arte del bueno, porque juega con el espectador, te hace recorrer caminos distintos y deconocidos para él, te hace leer en el contexto.

   En el cuadro "La voz del viento" vemos a la protagonista de espaldas en medio de un ambiente de soledad infinita que genera el viento soplando hacia el mar adentro, e intuimos en ella (o más bien no las describe esa voz del viento), una mirada perdida... puesta en un horizonte inexistente; horizonte que para el espectador se presenta, sin embargo, perfectamente definido y real. Ese doble juego, con distintas realidades, donde el público se convierte en un elemento vital del cuadro, sólo lo consiguen algunos artistas.

   El nivel alcanzado por Pili me permite lanzarle un reto que, a la vez, es un consejo, con el que termino: aunque es imposible pintar el olor de las flores no dejes nunca de perseguir su aroma.

Carlos Abella

 

Pilar Abella - pintora@pilar-abella.com